030. El día que Nanahuatzin se convirtió en el sol

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Datos generales

Libro
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Título del libro
Múltiples Lenguajes. Tercer grado
Grado
Tercer grado
Tipo de recurso
Lectura de apoyo
Título del recurso
El día que Nanahuatzin se convirtió en el sol
Autoría / procedencia
No indicada en la transcripción fuente
Páginas
112-117 del libro / páginas 112-117 del PDF
Tipo de texto o lenguaje
Leyenda / relato tradicional de origen
Tema principal
El origen del Sol, la Luna, el día y la noche según una narración de tradición mesoamericana
Campo(s) formativo(s) sugeridos
Lenguajes; Ética, Naturaleza y Sociedades; Saberes y Pensamiento Científico
Estado
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Transcripción

Página 112

El día que Nanahuatzin se convirtió en el sol

Hace muchos muchos años, cuando todo era oscuridad en el mundo, cuando no había luz ni día que se distinguiera de la noche, los dioses se reunieron en Teotihuacan para dialogar sobre cómo harían para alumbrar la Tierra.

Fue una larga conversación en donde los dioses proponían y discutían sobre cómo resolver tan oscura situación que no atinaban a remediar. Aunque, si en una cosa estaban de acuerdo, era en que debían hacer sagrados sacrificios y ofrendas para lograr que naciera una luz capaz de alumbrar a toda la Tierra.

Así pasó mucho tiempo, hasta que por fin un dios rico, fuerte y robusto, llamado Tecciztécatl, con cierta soberbia, dijo: “Yo seré quien dé luz a la Tierra. Yo me ofrezco”.

Santiago Gutiérrez Vega, Tlaxcala

De inmediato se hizo el alboroto; algunos dioses estuvieron de acuerdo, pues veían en él las características apropiadas para tal misión, pero otros no pensaban así, pues sentían que había arrogancia en su manera de estar y decir.

Página 113

Finalmente, todos estuvieron de acuerdo y coincidieron en que se requería de otro voluntario para que lo acompañara, pero nadie se ofrecía.

De pronto, entre el estruendo, se escuchó la voz de otro dios, quien propuso a Nanahuatzin como el más indicado. Al instante, la propuesta logró adeptos, pues en comparación con Tecciztécatl, Nanahuatzin era un dios de corazón humilde, nada ostentoso y hasta con aspecto frágil y enfermizo, pues tenía llagas en la piel.

Nanahuatzin, quien había permanecido con serenidad, observando y escuchando, se puso de pie y dijo: “Está bien. Si el rostro y el corazón de ustedes me otorgan su confianza, yo acepto y me ofrezco para acompañar a Tecciztécatl y cumplir la misión, y sepan que, con ello, están honrando mi corazón”.

Santiago Gutiérrez Vega, Tlaxcala

Enseguida, se iniciaron los preparativos para la ceremonia y, cuando el gran dios Huehuetéotl encendió el gran fuego sagrado, convocó a todos para que se congregaran en torno a él. Entonces, los dioses le dijeron a Tecciztécatl: “¡Oh, Tecciztécatl, ha llegado el momento, debes saltar y entregarte en ofrenda al gran fuego divino para que haya luz en la Tierra!”.

Santiago Gutiérrez Vega, Tlaxcala

Página 114

Tecciztécatl se levantó de su lugar, estaba ya ataviado con sus mejores prendas, listo para ofrendarse al fuego; dio unos pasos atrás para tomar impulso, después corrió hasta el borde de la hoguera y, al momento de llegar, sintió miedo y se arrepintió.

Santiago Gutiérrez Vega, Tlaxcala

Los dioses lo animaban para que se entregara, volvió a dar unos pasos hacia atrás, tomó impulso y, al momento de saltar, otra vez sintió miedo. Dos veces más lo intentó y se arrepintió. Entonces, los dioses gritaron a Nanahuatzin: “¡Es tu turno de entregarte al gran fuego divino!”.

Nanahuatzin se levantó, con un atuendo simple, pero significativo, le dio una vuelta a la gran hoguera corriendo por el lado derecho y, cuando llegó al mismo punto desde donde había empezado el círculo, saltó sin titubear, desapareciendo su cuerpo entre las grandes lenguas del fuego sagrado.

Página 115

Santiago Gutiérrez Vega, Tlaxcala

Al ver esto, y en medio de la algarabía de los dioses ahí reunidos, Tecciztécatl sintió vergüenza. Entonces, aspiró profundamente para llenar de voluntad su corazón y, desde ahí, con esa fuerza, dio algunos pasos con determinación y, con un solo brinco, se arrojó en medio de las grandes lenguas del fuego divino, de por sí ya largas y avivadas por el salto de Nanahuatzin.

Después de esto, los dioses se quedaron en torno al fuego; a veces cantando o bailando, por momentos conversando y otras veces, nada más así, escuchando el silencio, en medio de la oscuridad, esperando el nacimiento del gran astro que habría de alumbrar la Tierra.

Unos lo esperaban por el norte, otros por el occidente, había quienes pensaban que saldría por el sur y otros más, por el oriente. Al cabo de algunas horas, el cielo empezó a tomar un tono rojizo por el oriente; después, el rojo fue abarcando casi la totalidad del firmamento hasta que, de repente,

Santiago Gutiérrez Vega, Tlaxcala

Página 116

Santiago Gutiérrez Vega, Tlaxcala

nació poco a poco la gran esfera solar, alumbrando todo lo que había a su paso, con una luz tan brillante que nadie lo pudo mirar fijamente sin tener que cerrar los ojos a los pocos segundos.

El gran sol, Nanahuatzin, nació por el oriente con todo su esplendor, pero poco tiempo después, por el mismo lugar y ante la sorpresa de los dioses, nació una segunda esfera luminosa: era Tecciztécatl, quien nació convertido en la luna, con un brillo tan intenso como el del sol.

Página 117

Santiago Gutiérrez Vega, Tlaxcala

Así que los dioses se reunieron, nuevamente, en círculo de palabra en torno al gran fuego sagrado, intercambiaron su pensar y su sentir para luego decir que esto no podía ser: no podía haber dos soles alumbrando al mismo tiempo, por lo que uno iluminaría la noche.

Quetzalcóatl, uno de los dioses que había esperado el nacimiento del sol por el oriente, tomó un conejo de las orejas y lo lanzó al rostro de Tecciztécatl, la luna, provocando con ello que su luz se opacara y dejándole, para siempre, la sombra de un conejo estampada en su cara.

Desde entonces, cuenta la leyenda, existen el Sol y la Luna en el firmamento, y es también desde entonces que existen el día y la noche en la Tierra.

Santiago Gutiérrez Vega, Tlaxcala

Ficha analítica breve

Tipo de texto o lenguaje

Leyenda o relato tradicional de origen, con estructura narrativa lineal, personajes divinos, conflicto, acciones rituales y explicación simbólica de fenómenos naturales.

Tema principal

El origen del Sol, la Luna, el día y la noche a partir del sacrificio de Nanahuatzin y Tecciztécatl en el fuego sagrado de Teotihuacan.

Subtemas

Posibles usos didácticos

Posibles vínculos curriculares

Delimitación del uso

Comparar motivaciones y etapas de la narración, y separar origen mítico del modelo astronómico del día/noche. No presentar sacrificio, presión grupal ni daño a animales como prácticas imitables o pruebas de valor. En recreación usar narración e imágenes, sin fuego ni saltos peligrosos; la mirada al Sol descrita tampoco se reproduce.

Elementos visuales o multimodales

Pp. 112–114 distinguen dioses por atuendos y representan propuesta, fogata y sacrificio; p. 115 cambia a siluetas alrededor del fuego y horizonte rojizo. Pp. 116–117 muestran astros con rostro, ser fantástico y conejo. El contraste cromático día/noche acompaña la explicación mítica; no modela rotación terrestre ni órbitas.

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