058. Lo que la pandemia nos dejó
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Datos generales
- Libro
multiples-lenguajes.pdf- Título del libro
- Múltiples Lenguajes. Tercer grado
- Grado
- Tercer grado
- Tipo de recurso
- Lectura de apoyo
- Título del recurso
- Lo que la pandemia nos dejó
- Autoría / procedencia
- No indicada en la transcripción fuente
- Páginas
- 216-219 del libro / páginas 216-219 del PDF
- Tipo de texto o lenguaje
- Texto reflexivo testimonial
- Tema principal
- Aprendizajes comunitarios, cuidado mutuo y convivencia durante la pandemia de COVID-19
- Campo(s) formativo(s) sugeridos
- De lo Humano y lo Comunitario; Lenguajes; Ética, Naturaleza y Sociedades
- Estado
- Recurso cotejado individualmente; vínculos requieren dictamen independiente
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Transcripción
Lo que la pandemia nos dejó
Sabina Mogur Lim
Somos millones de personas en el mundo y, en la comodidad de mi hogar, más aún, desde una pantalla electrónica, todo puede parecer algo lejano y ajeno... La gente es sólo un montón de personas desconocidas que nada tienen que ver conmigo, ¿o sí?
Yo creo que nadie va a olvidar el año 2019, cuando una extraña y mortal enfermedad se esparció por toda la Tierra, obligándonos a vivir encerrados en nuestras casas. Al principio, todo bien: parecían vacaciones y, con tanto tiempo libre, hasta hubo quienes organizaron fiestas. La situación era tan rara que muchos dudamos que fuera cierta. Ni los médicos ni los científicos tenían respuestas. Sólo sabíamos que las personas de todos los continentes nos encontrábamos en la misma situación, expuestas a lo desconocido.
Hasta que empezaron a morir parientes, amigos y vecinos, mi mamá y yo lo creímos. No había duda: el COVID-19 era real. Entonces sí sentimos miedo de que nos tocara y nos encerramos de verdad. Las calles del mundo se vaciaron y el silencio hizo evidente la falta de vida allá afuera. Yo empecé a extrañar a los conocidos y hasta a los que no conocía. Cuando me aburría de estar en mi cuarto, salía a la azotea y sentía una alegría inmensa de ver a más gente en las otras azoteas. La verdad es que nunca me había fijado en sus caras ni les había hablado, pero en aquellos días me urgía intercambiar palabras y sonrisas.
Mi mamá se iba a trabajar y dejó de abrazarme. Además, cuando estaba en la casa, sólo se quitaba el cubrebocas para comer y dormir. Odié aquella frontera de tela que me separaba de sus besos, pero ella me explicó que era la única forma de controlar los contagios. También me contó que, en la calle, la gente se miraba de lejos y con temor; sobre todo, se apartaban de aquellos que se negaban a usar el cubrebocas.
“Esto es una catástrofe colectiva”, decía mi mamá. “Yo no sé si tengo el virus, pero si estuviera contagiada, sería un riesgo para los que están a mi alrededor, así que es mi responsabilidad cuidarnos a todos. De mí dependen los demás y los demás deberían entender que nosotros dependemos de ellos”.
Yo me quedé pensando en qué otras situaciones, lo que hago o no, podría afectar la vida de los otros.
En realidad, durante aquellos años, mientras esperábamos en nuestras casas a que inventaran la vacuna, me surgieron muchas preguntas. Por ejemplo: ¿por qué mis papás tenían que seguir yendo al trabajo mientras otros tenían permiso para quedarse en su hogar?, ¿por qué las únicas personas que veía en la calle desde mi ventana eran repartidores de alimentos o el señor de la basura? ¿Y si se enfermaban y morían? Imaginaba el olor de cientos de bolsas de basura acumuladas en la casa y las moscas azules que rondarían por el aire, ¡casi vomitaba! También pensé en la viejita que vive sola, en el número 6… seguro moriría de hambre si los repartidores del súper no vinieran a dejarle comida.
Aparte de eso, había algo que me atormentaba: si ya no era obligatorio ir a la escuela, ¿por qué la extrañaba tanto? Me urgía ver a mis compañeros, tocar mi pupitre y hasta oler el sándwich de huevo de mi amiga Claudia. Correr por el patio y jugar con quien se me pusiera enfrente. Me preguntaba por qué había pasado esos años hablando sólo con mi grupito de amigos, habiendo tantas otras niñas y niños a quienes conocer. ¡Quiero escuchar sus historias!
Aprendí también que estar viva consiste en respirar y que el cuerpo te funcione perfectamente; en cambio, vivir es algo más, ¡mucho más! Para vivir es necesario sentir, pensar y hacer. Pero si siento, pienso y hago yo sola, mi mundo se encoge y sólo doy vueltas en una aburrición infinita. Es por eso que necesitamos intercambiar ideas y presencias, sentir la compañía en un abrazo y hacer juntos lo mejor para vivir en comunidad.
Quién sabe qué hubiera pasado sin el trabajo de la gente dedicada a cuidar nuestra salud y de la comunidad científica mundial, pero resultó igual de importante el apoyo que pudimos brindarnos unos a otros: familiares, amigos e incluso, aquellas personas desconocidas que, según yo, nada tenían que ver conmigo.
Crédito de ilustración: Elí Fabián López López, GUERRERO.
Ficha analítica breve
Tipo de texto o lenguaje
Texto reflexivo testimonial.
Tema principal
Aprendizajes comunitarios, cuidado mutuo y convivencia durante la pandemia de COVID-19.
Subtemas
- Pandemia de COVID-19.
- Cuidado mutuo y responsabilidad social.
- Soledad, miedo y necesidad de comunidad.
- Trabajo esencial y salud.
Posibles usos didácticos
- Dialogar sobre experiencias de pandemia con respeto.
- Elaborar testimonios o relatos reflexivos.
- Crear acuerdos de cuidado colectivo.
Posibles vínculos curriculares
- Salud y prevención.
- Convivencia y comunidad.
- Testimonio y reflexión personal.
Delimitación del uso
Distinguir la perspectiva de la narradora de una cronología universal: el texto condensa 2019 y confinamientos posteriores; la OMS caracterizó la pandemia el 11 de marzo de 2020 (https://www.who.int/es/news/item/27-04-2020-who-timeline---covid-19). «Única forma» y «el cuerpo te funcione perfectamente» son afirmaciones del relato, no criterios médicos ni condiciones para valorar una vida. Trabajar interdependencia y servicios esenciales sin pedir relatos de duelos o datos clínicos personales. No usar la lectura como protocolo sanitario.
Elementos visuales o multimodales
P.216 dibuja planeta rodeado de formas de virus; pp.217–219 simulan fotografías pegadas: pantalla, ventana, distancia entre personas, reparto, recuerdos del juego y grupo con cubrebocas. Son ilustraciones narrativas, no imágenes microscópicas ni registros fotográficos de un lugar. Crédito: Elí Fabián López López, Guerrero.
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Vínculos directos
Sin vínculo de esta categoría entre los proyectos revisados del grado.
Vínculos de apoyo
- Hablemos de higiene en el salón de clases
- Dimensión: Aula.
- Campo formativo: De lo Humano y lo Comunitario.
- Uso: Analizar la reflexión de la narradora para explicar cómo el cuidado de materiales compartidos afecta a otras personas.
- Justificación: La evaluación del proyecto pregunta por salud propia y ajena. El relato aporta interdependencia, no indicaciones vigentes de cubrebocas, cronología universal ni obligación de contar duelos familiares.
Control de calidad
- [x] Texto cotejado en las páginas fuente indicadas.
- [x] Composición visual observada y descrita individualmente.
- [x] Análisis didáctico separado del texto editorial.
- [x] Alcance separado: la aprobación del recurso no implica cierre de los vínculos ni del grado.